AleiDiario

La insoportable levedad

Hace unos meses, en una reunión de viejas en mi casa, una amiga de una amiga mía me dejó de una sola pieza cuando confesó llena de orgullo en qué consistía su dieta, gracias a la cual lucía lo que ella consideraba una espléndida figura, pero que a mí me recordaba más el cuerpo de mi sobrina Laura Cristina, cuando tenía ocho años. La Fulana, de cuyo nombre no puedo acordarme –y creo que es mejor así–, se jactaba de que a la hora del desayuno, o mejor: en vez del desayuno, todo lo que comía era media zanahoria con un vaso de agua. “¿Nada más?”, preguntó alguna de nosotras. Y ella muy campante respondió con otra pregunta: “¿Para qué más?”. “¿Y no quedas con hambre para empezar el día?”, le interrogó otra de las presentes. “Al principio, sí; pero ya no, uno se acostumbra”, respondió llena de orgullo.

La conversación se diluyó por momentos entre temas de marcas de ropa, pintas de moda y, desde luego tallas, tema éste en el que la Fulana era especialista, dadas sus exiguas proporciones. Al proseguir el relato de su rutina alimenticia, aclaró que no tomaba nada entre comidas, porque eso era dañino para la digestión y contraproducente para su régimen. Muy adueñada de su papel explicaba que de vez en cuando comía pollo, pero nunca carnes rojas, ni consumía lácteos, ni mucho menos harinas, porque están llenas de carbohidratos. “Al almuerzo me como una ensalada no muy grande y sin ninguna clase de salsas; y de sobremesa, me tomo una coca-cola light”. Yo no podía dar crédito a lo que estaba escuchando, pues me había imaginado que a la hora del almuerzo se desquitaba, como para equilibrar un poco la cosa.

“¿Y de postre?”, preguntó alguna que debía estar elevada, pues a esas alturas de la charla era evidente que esa palabra no existía en su menú. “¿Estás loca?”, respondió en un tono cortante, como si la hubieran insultado. Todas nos quedamos calladas, esperando que ella siguiera develando los secretos para mantenerse en forma. La verdad es que el relato no duró mucho más, porque el almuerzo era su última comida del día. Según ella, si comía algo por la noche, no podía dormir. Pero, eso sí, aclaraba que en vez de comer ‘porquerías’ como carnes o harinas, ella tomaba líquidos en abundancia, que a su juicio eran mucho más saludables.

Las palabras de la Fulana, en vez de quitarme el apetito, me lo alborotaron. Por lo tanto, después de tan decepcionante conversación –en la que decidí no intervenir para no ponerme insoportable– me dirigí muerta de hambre a la nevera, sin ninguna clase de remordimientos. Al abrir el refrigerador alcancé a preguntarme si valía la pena todo lo que esa niña mayor de edad hacía con el único propósito de parecerse a un zancudo. Y mientras saboreaba un delicioso bocado de jamón serrano, acompañado de vino tinto, concluí sin ambigüedades que esa pobre mujer debía tener las neuronas sometidas a una dieta más severa que su cuerpo, pues no de otra manera se explicaba semejante falta de sensatez.
Al volver a la sala, el tema de la conversación ya había tomado otro rumbo y aunque intervine activamente, no pude dejar de mirar a la Fulana, a la que nunca más volví a ver.

Luego, por mi amiga, supe que la flamante nutricionista empírica había terminado en un hospital agobiada por sus desórdenes alimenticios, y la antipatía que me causó cuando estuvo en mi casa se transformó en lástima. Una lástima directamente proporcional al fastidio que me causan quienes promueven la delgadez forzada como sinónimo de salud y belleza, pero que en no pocos casos ha terminado en tragedia.

correo@aleida.com

7 pensamientos en “La insoportable levedad

  1. Cómo dije al compartir éste artículo en Facebook, una cosa es comer de manera saludable y otra muy distinta morirse literalmente de hambre. Que irresponsabilidad tan grande la de esta Fulana seguir esa dieta y al compartirla. :S

  2. Me dio pesar de la mujer zancudo desde que leí: “y de sobremesa una coca-cola light” que tal la pobre loca si la coca-cola es de lo más dañino que le puede pasar al cuerpo… muy burrita la niña, está como los que hacen cara de terror cuando sienten el olor de la marihuana y se fuman diez cigarrillos de tabaco al día!

  3. Y lo peor de todo es que seguramente ella no tenía la culpa, sino las multinacionales de la moda que lo único que esperan es que nos vistamos con su sello (que para ello que nos quedemos tal cual; tal cual un sello).

  4. La comida no engorda, es la manera como se alimentan, así sea con zanahoria, verdura y gaseosa, el problema es mas sicológico que metabólico…comen para sentirse bien, y vomitan para sentirse mejor!!!!, prefiero comer mucho y sanamente.

  5. Jajaja … Al almuerzo me como una ensalada no muy grande y sin ninguna clase de salsas; y de sobremesa, me tomo una coca-cola light”… hagame el favor! Dejar de comer cosas nutritivas, pero si tomar gaseosa con la ensalada jeje pero bueno era light! Jajaja Yo no soy gorda, nunca lo he sido, pero no me he matado nunca por dietas, no se que es eso… Hay que comer saludable y hacer ejercicio el que logre mantener eso claro y ser juicioso tal ve no tenga cuerpo de modelo (operada) pero su cuerpo estará sano y tampoco tendrá sobrepeso. Ni muertas de hambre y no glotonas, mejor sanas sin vivir por una talla.

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